OT Orbis Tertius, vol. XXXI, núm. 43, e354, mayo-octubre 2026. ISSN 1851-7811
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria

Artículos

América como Norte. Notas sobre algunas traducciones publicadas en el Correo del Domingo

Manuel Martín

Instituto de Literatura Hispanoamericana, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina
Cita recomendada: Martín, M. (2026). América como Norte. Notas sobre algunas traducciones publicadas en el Correo del Domingo. Orbis Tertius, 31(43), e354. https://doi.org/10.24215/18517811e354

Resumen: A lo largo de los cuatro años en que se publica el Correo del Domingo (1864-1868), Estados Unidos aparece con insistencia como un estímulo imaginario para escribir sobre la nación argentina, en especial en el caso de dos jovencísimos escritores que realizan sus primeros ensayos de escritura en este periódico, Bartolomé Mitre y Vedia y Domingo Fidel Sarmiento, hijos, respectivamente, del presidente Bartolomé Mitre y de Domingo Faustino Sarmiento. Cuando se desencadena la Guerra del Paraguay, Dominguito se ofrece como voluntario para pelear en la Guardia Nacional, a las órdenes de Mitre (padre) como comandante en jefe de la Triple Alianza; al mismo tiempo, Bartolito se desempeña como secretario de la legación argentina que encabeza Sarmiento, en Nueva York. Las experiencias norteamericanas de estos nutren el imaginario sobre la Guerra del Paraguay que se está librando en ese momento. En este contexto, la traducción se perfila como una forma de la autoría posible para jóvenes escritores que realizan sus primeras armas en las letras, al mismo tiempo que buscan hacerse un lugar en la esfera pública.

Palabras clave: Correo del Domingo, Dominguito Sarmiento, Bartolito Mitre, Traducción, Guerra.

America as North. Notes of some translations published in Correo del Domingo

Abstract: All through the four years in which Correo del Domingo is published (1864-1868), the United States appears as an insistent imaginary stimulus to write about the Argentine nation. Especially in the case of two very young writers who made their first writing experiments in this weekly, Bartolomé Mitre y Vedia and Domingo Fidel Sarmiento, sons of President Bartolomé Mitre and Domingo Faustino Sarmiento, correspondingly. When the Paraguayan War broke out, Dominguito volunteered to fight in the Guardia Nacional, under the orders of Mitre (Sr.) as commander-in-chief of the Triple Alliance; at the same time, Bartolito served as secretary of the Argentine legation headed by Sarmiento in New York. Their North American experiences nourish the imagination about the Paraguayan War that is being held at that time. In this context, translation emerges as a possible form of authorship for young writers who start their path in literature, at the same time that they begin to gain a place in the public sphere.

Keywords: Correo del Domingo, Dominguito Sarmiento, Bartolito Mitre, Translation, Warfare.

En 1886, Sarmiento publica la Vida de Dominguito. El libro, que oscila entre la biografía y el obituario, recuerda a su hijo fallecido hace veinte años. El título entero de la Vida de Dominguito ya es un resumen bastante completo: “In memoriam del valiente y deplorado capitán Domingo Fidel Sarmiento muerto en Curupaití a los veinte años de edad. Autor de varios escritos, biografías y correspondencias y traductor de París en América” (Sarmiento, 1886). Aunque pueda parecer protocolar –y de hecho responde a un protocolo editorial–, esta última oración pone una nota grave en la recordación del héroe caído en batalla. Muere por entregarse a las armas, pero era un joven que estaba destinado a las letras, y su obra queda no sólo trunca, sino todavía en estado germinal, para siempre preparatorio. Lo exiguo de la obra conmueve porque deja expuesto el esfuerzo de esa marcación de autoría. Se trata de formas de la escritura más bien menores (correspondencias epistolares, biografías que no son nunca sistemáticas, escritos varios)1 que no llegan casi nunca al libro, o que, si lo hacen, como en el caso de París en América, es como traductor, o sea con una autoría menguada, mediana, literalmente media si se considera que la comparte con otro traductor, mucho más reconocido que él, Lucio V. Mansilla. En una vida tan corta, el padre doliente hace valer como obra del hombrecito de letras las cartas y las traducciones –la traducción, mejor dicho: una sola– .

Esto último es lo que me interesa ahora: Dominguito, traductor de París en América. Es un proyecto que apadrina José María Cantilo como director del Correo del Domingo, el periódico donde aparece esta novela de Édouard Laboulaye en dieciocho entregas entre junio y octubre de 1864. Traducción que realiza en colaboración con Mansilla, el que un año más tarde va a ser sargento del batallón 12 de línea en la Guerra del Paraguay; batallón en el que pelea Dominguito, cuando cae muerto por una herida de metralla, el 22 de septiembre de 1866. Pero eso será más adelante. Por ahora quedémonos en 1864: Dominguito tiene todavía diecinueve años cuando aparece la primera entrega de la traducción de París en América.

No son pocos los varones de la élite porteña que dan a conocer algunos de sus primeros ensayos de escritura en el Correo del Domingo. Entre ellos, además de Dominguito, destaca otro hijo de un prócer de la patria. Me refiero a Bartolomé Mitre y Vedia, Bartolito, el hijo del general Mitre, presidente de la República Argentina por estos años. Bartolito viaja en 1865 a Estados Unidos como secretario de la legación argentina que se instala en la ciudad de Nueva York. Desde ahí colabora con el periódico como informante, y en especial, traduce. Traduce algunos poemas, pero también estadísticas demográficas que aparecen en la prensa norteamericana; y traduce, como Dominguito, una novela que se ocupa de la vida en los Estados Unidos, titulada Oakland o Las guerrillas del Shenandoah. Los escritos de estas dos jóvenes promesas, los hijos de Sarmiento y de Mitre, apuntan a las instituciones jurídico-políticas de “los países civilizados” (sobre todo norteamericanas, aunque también francesas y, en menor medida, inglesas) y a la difusión de traducciones y escritos interpretativos. Un programa así sintoniza bien con el interés de José María Cantilo, director de la redacción y dueño de la Imprenta del Siglo, que publica el periódico; interés por dar a conocer bibliografía extranjera de utilidad para la consolidación de las instituciones nacionales. En los cuatro años en que aparece el Correo del Domingo, se irá definiendo el lugar central de los Estados Unidos como modelo, cuyas diferentes facetas se irán enfatizando alternativamente según lo demanden las circunstancias políticas de la Argentina.

Paris, Massachusetts

“El autor ha querido presentar ante la Europa, pero sobre todo ante la Francia, el hermoso espectáculo de un pueblo libre, en todos los actos de la vida pública y de la vida de la familia”: así presenta el Correo del Domingo la traducción del libro de Édouard Laboulaye, París en América, –especialmente realizada para la ocasión– en el número 25, del 19 de junio de 1864.2 Una sinopsis podría ser la siguiente: un médico francés, el Dr. Lefebvre, se burla de un espiritista norteamericano que, en respuesta y para demostrarle su poder, transporta toda la ciudad de París a los Estados Unidos. Todas las casas de París se convierten en homes norteamericanos, los parisienses se transforman en su equivalente yankee, y el Dr. René Lefebvre, que pasa a llamarse Daniel Smith, es el único que conserva la memoria de la transformación. Esta hipótesis de fantasía científica dispara la trama de una novela social en la que un francés orgulloso explora las virtudes republicanas de la América del Norte. El magnetismo (gracias al cual París puede aparecer en Massachusetts de la noche a la mañana) sirve de excusa literaria para comparar la Francia del Segundo Imperio con los Estados Unidos de Lincoln.3

Laboulaye le pone firma a su libro el 4 de julio de 1862, en Virginia: un francés le rinde homenaje a la patria de Washington. Y lo hace en plena guerra civil. El Dr. Lefebvre viaja a Estados Unidos en medio del despliegue armamentístico más grande que haya visto el mundo, y sin embargo en ningún momento se preocupa por los peligros. La guerra es apenas un telón de fondo de la política, motivo de algunos comentarios ocasionales. Le preocupa la esclavitud como afrenta al espíritu democrático y por eso defiende la causa del Norte, porque defiende la igualdad civil de todos los hombres… pero el hombre del que habla es una abstracción. En rigor, no aparecen esclavos que tengan agencia en la novela. La conflictividad política que se desata en el país no compromete en su proceder a los personajes.4 Se pondera la virilidad exaltada o la fraternidad corrompida que suscita el despliegue militar. Pero nunca sobre un asunto concreto. La guerra que en efecto está sucediendo sólo condiciona lo que ocurre en un episodio: cuando ya está terminando el tour por París en Massachusetts, nos enteramos de que las tropas enemigas se acercan, y suena el llamado de las armas. Todos los varones acuden, incluido el Dr. Smith. Nada le produce temor, más bien al contrario, la cercanía del enemigo no es más que la ocasión (¡dichosa!) de ejercer el patriotismo. Por la noche, se va a dormir tan tranquilo y con el “corazón aliviado” en el campamento como si estuviera en su cama; y para no tener que mostrar el combate, con los cuerpos que saltan y se desploman, los fogonazos y la metralla, interviene un deus ex machina: el espiritista se aparece en un sueño del Dr. Smith y lo saca del campo de batalla para devolverlo a Francia como M. Lefebvre (Correo del Domingo, 2 de octubre de 1864).

Frente a los yankees, tan prácticos, el francés siempre levanta ideales que se despedazan contra la realidad. Hasta el propio Laboulaye construye un Estados Unidos hecho de abstracciones, en el que el conflicto con el Sur es un simple contratiempo que, además, sirve para enaltecer las virtudes del Norte. Para Laboulaye, y para quienes lo traducen, América es puro Norte.

En el número 42 termina la traducción de París en América. La semana siguiente aparece en las páginas del Correo un artículo de Dominguito sobre la novela. Empieza primero como comentario, pero de pronto nos encontramos leyendo en el terreno del ensayo. Se revela ahí una pluma hábil, o que al menos quiere trascender el mero impresionismo crítico, más propio de la reseña;5 que tantea sistematizaciones, pero también que busca palabras más precisas, que prueba pausas y tonos. Al final, el interés político gobierna este esfuerzo de escritura: “Los Estados Unidos están llamados a cumplir una alta misión para la organización política y social de las Repúblicas” (Correo del Domingo, 23 de octubre de 1864).

El artículo sale después de la última entrega de París en América y no quiere dejar cabos sueltos: todo lo que acaba de enseñar este texto tan instructivo debe ser bien aprovechado. Por eso va puntualizando: escuelas, asociaciones, tribuna, prensa, estas son las instituciones de las que hay que aprender. Y el concepto que organiza la filosofía política de la novela es el de libertad.6 Aunque su sentido se precisa varias veces en el relato, Dominguito, que ya viene elaborando ideas republicanas sobre la libertad, no quiere dejar ningún resquicio por donde el lector pueda perderse. La libertad bien entendida debe estar ligada a un espíritu de reciprocidad que constituye las garantías individuales. Porque ante todo, el individuo. Al final de París en América, el brujo caza al Dr. Smith de los pelos y se lo lleva volando a Francia, a través del Atlántico. Para librarse de su captor, el doctor saca unas tijeras de su bolsillo y se corta los mechones. El apologeta de los Estados Unidos imagina la libertad en unas tijeras, y se deja caer al abismo, “entregado todo entero al placer de la libertad reconquistada” (Correo del Domingo, 2 de octubre de 1864).

Estados Unidos es una abstracción también para Dominguito, un país que no conoce pero que lo seduce con su incansable progreso. La novela de Laboulaye le habilita fantasías políticas: como americano, como ciudadano de una nación en ciernes, deja de interesarle tanto la herencia por recibir de Europa, y empieza a entusiasmarse con la idea de forjar un destino americano. El ejemplo que pone es el del hijo del doctor Lefebvre: a sus quince años, en Francia hubiera esperado salvarse con la herencia de su padre; en América, está ansioso por “abrirse un porvenir elaborado por su propia mano” (Correo del Domingo, 23 de octubre de 1864). Dominguito se entusiasma así con su propio destino.

La civilización norteamericana se funda rechazando el derecho de herencia y levantando el mérito como único valor social. En The Federalist Papers, una serie de ensayos escritos por Alexander Hamilton, James Madison y John Jay que sirvieron de fundamentación teórica de la constitución de los Estados Unidos, se lee que una república verdadera niega la legitimidad de los derechos políticos recibidos por sangre o asignados arbitrariamente. El artículo XXXIX, firmado por Madison, es muy claro: hay gobiernos que se dicen republicanos pero sostienen “una aristocracia y una monarquía hereditarias” (Hamilton, Madison y Jay, 1943, p. 161); solo la voluntad del pueblo en su conjunto tiene derecho a elegir a sus representantes, y solo por un plazo estipulado y mientras conserven su buena conducta. Este compendio de doctrina republicana fue leído con atención por la élite letrada argentina. Entre 1859 y 1860, fueron apareciendo estos ensayos en una traducción firmada por “M.R.G.” (¿Manuel Rafael García?) en la sección de folletín del diario La Paz, cuyo jefe de redacción era Lucio V. Mansilla, y con el título El Federalista; y en 1868, después de suspendida la publicación de el Correo del Domingo, la Imprenta del Siglo publicó un volumen de igual título traducido por José María Cantilo.

El mérito ciudadano como único valor social y derecho político: por eso los norteamericanos quieren limitar la influencia de su tierra y de su sangre, y toman prolijas distancias de lo que le heredan los pueblos nativos y los colonos. De modo que cuando un europeo quiere enseñarles algo, contestan: “¡eso es para avergonzarse de la civilización! Antes preferiría yo vivir entre las pieles rojas que entre colegiales de Eton o de Rugby” (Correo del Domingo, 25 de septiembre de 1864). Self-made men, self-made nation.

Dominguito se siente discípulo del progreso de las civilizaciones americanas, con Estados Unidos a la cabeza. Y, en América, el norte imanta la brújula con la que se quiere dirigir la patria.

Nosotros –escribe– que nos hemos constituido bajo iguales garantías que el pueblo norte-americano, estamos por saber si la prensa es libre o está sujeta a la acción de los juzgados nacionales; y como si quisiéramos crear una atmósfera pesada sobre punto tan luminoso, Entre Ríos instituye el jurado de imprenta; ¡pero los jurados son elegidos por el gobierno! Así marchamos en muchas cuestiones por falta de sentido práctico, por no estar empapados en el espíritu de nuestra organización; y mucho hay que esperar del influjo que puede tener el libro que nos ocupa, en el desarrollo de verdaderas doctrinas. (Correo del Domingo, 23 de octubre de 1864).

Comparar, estudiar, traducir, volver a comparar. París en América constituye para él un modelo de novela para los países democráticos. Si se quiere hacer de Argentina una república propiamente americana, Estados Unidos, con todas sus diferencias, señala la posibilidad de materializar ese sueño. Ese es el norte para una nación del sur.

Editoriales

Desde antes incluso de la aparición de la primera entrega de París en América, que se acompañan con ilustraciones realizadas por Henri Meyer, el Correo del Domingo anuncia que, una vez que se termine de publicar en las páginas del periódico, se hará imprimir en libro en la Imprenta del Siglo, incluyendo las láminas de Meyer.7 Cantilo –recordemos, el director de redacción y dueño de la imprenta– está muy comprometido en esta traducción. La gestiona, la patrocina, y al mismo tiempo intenta generar un ámbito de recepción que le sea propicio. Para ser más claro, en los editoriales del Correo del Domingo, resuenan ideas y términos de las entregas de París en América que corresponden al mismo número, o a lo sumo a algún número inmediatamente anterior. Bajo el heterónimo de Bruno, Cantilo escribe como redactor principal de su periódico una sección editorial que se titula “La Semana”; separa así su personalidad pública (por aquel entonces era diputado nacional) de su intervención cultural. Pero, aunque la propuesta expresa del periódico consiste en probar la posibilidad de que subsista una publicación principalmente literaria, lo cierto es que sería imposible recortar con nitidez el campo específico de la literatura en 1864.

En esta década aparecen cada vez más publicaciones que pretenden tomar distancia de las preocupaciones de la política, por considerarlas una distracción del ejercicio de las letras;8 más allá de que no les resulta fácil sustraerse de la política, lo que llama la atención es que parece más difícil separarla de otras áreas que promueven el progreso intelectual del país (y el término es el que en general se utiliza en este momento), que de los eventos urgentes de la vida política. De una u otra forma, París en América no es una pieza más de las que Cantilo hace publicar para cumplir con el objetivo de un periódico literario. La novela de Laboulaye, la traducción de Mansilla y Dominguito, el ensayo de este último sobre Estados Unidos, todo coincide con el programa ideológico que el director del Correo del Domingo quiere difundir.

En siete editoriales diferentes, Bruno se refiere a París en América y reflexiona sobre algunos pasajes o comenta las ilustraciones que acompañan la novela, mientras se va publicando. El objetivo parece ser comercial: hay que seducir al lector para que compre este y los próximos números. Pero en otras ocasiones no hay ninguna mención explícita, y sin embargo un lector puede detectar que los problemas que aparecen mencionados en “La Semana” son los mismos que discuten los personajes de la novela de Laboulaye. En la entrega del número 26, por ejemplo, el Dr. Lefebvre critica la molicie y el afeminamiento de las costumbres norteamericanas.

Es la misma crítica que aparecerá en el editorial del número siguiente, en boca de Don Roque, solo que ahora a las costumbres argentinas. Bruno discute con Don Roque, un personaje que se vuelve frecuente en sus editoriales, y que representa a un viejo amigo de su familia, que suele impugnar lo que hacen sus contemporáneos en contraste con lo que hacían los hombres en el tiempo pasado, siempre más glorioso. Es un papel simétrico al del francés de París en América; Europa representa la vieja política, incapaz de comprender las nuevas repúblicas americanas, por fin democráticas de verdad. En el número 28 defiende los derechos civiles de las mujeres y su participación en la vida pública: en simultáneo, en París en América se narra el episodio de una huelga de mujeres. Hay muchos otros ejemplos que dan cuenta de la imbricación de la novela con “La Semana”, en los dieciocho números en que se va publicando aquella; estos alcanzan para defender el argumento.

A menudo, los editoriales del Correo del Domingo colocan los contenidos del periódico en sincronía con su contexto de publicación. Activan significaciones que si no son abiertamente políticas, por lo menos resultan ideológicamente útiles. Y esto ocurre a lo largo de todo el período en que sale el semanario, en particular en 1867, en otra traducción que también tiene a Estados Unidos como su interés principal, y cuyo traductor es otro joven que está en el inicio de su carrera en las letras. Bartolomé Mitre y Vedia, el hijo mayor del presidente de la República Argentina, colabora en el periódico de Cantilo con la traducción de una novela norteamericana, Oakland, que narra sucesos de una campaña militar de la Guerra de Secesión. El contenido de la novela también tiene ecos en los editoriales, aunque de forma más disimulada. Del hijo de Sarmiento al hijo de Mitre hay continuidades y diferencias que se vuelven cruciales para pensar las operaciones del Correo del Domingo.

Oakland, San Juan

Un año después de la traducción de París en América, Argentina integra la Triple Alianza en una guerra feroz contra el Paraguay. Desde que estalló el conflicto, en abril de 1865, el Correo del Domingo empezó a incorporar sistemáticamente noticias, imágenes y relatos vinculados a la Guerra de Secesión (que ya para ese momento había terminado). Es lo contrario a lo que ocurre en la prensa diaria más importante. Sergio Pastormerlo afirma que

Entre 1860 y 1870, los diarios de Buenos Aires publicaron noticias de tres grandes guerras: la Guerra de Secesión (1861-1865), la Guerra del Paraguay (1864-1870) y la Guerra Franco-Prusiana. Las dos primeras tuvieron una perfecta continuidad sin superposiciones en los diarios porteños, que escribieron sobre la Guerra del Paraguay desde abril de 1865. De modo que las esperadas noticias de la Guerra Civil en Estados Unidos (...) fueron seguidas por las noticias sobre la Guerra del Paraguay (2018, p. 157).

Pero en el Correo del Domingo ocurre que tanto la guerra del Paraguay como la de Estados Unidos empiezan a figurar en conjunto en sus páginas a partir de abril de 1865, exactamente en el número 66, del 2 de abril. En ese mismo mes, el ejército de Solano López invade la provincia argentina de Corrientes y el gobierno nacional se prepara para la contraofensiva, al mismo tiempo que Lincoln es asesinado en Washington y desembarca en Nueva York la legación argentina. El tratado de la Triple Alianza se firma el 1 de mayo de 1865 y veinticinco días después, en la otra punta del continente, se rinde el último ejército confederado.

Desde entonces, el periódico empieza a recibir colaboraciones firmadas por Domingo F. Sarmiento (padre) y por Bartolomé Mitre y Vedia, que son respectivamente ministro plenipotenciario en Estados Unidos y secretario de la legación argentina. Las noticias de Estados Unidos y su ya finalizada guerra abundan en el periódico. Entre el 26 de mayo y el 16 de junio de 1867, se publica la traducción de Oakland o Las guerrillas del Shenandoah, novela de una escritora norteamericana, cuyo nombre se mantiene oculto detrás del simpático título de “amiga del traductor”, Bartolito Mitre. Tanto por las decisiones tipográficas en la composición del texto como por el tratamiento que se le da a la novela en el periódico, Oakland da la apariencia de ser obra de Bartolito. Lo que se pone en valor no es tanto el acto de crear, sino el de dar a conocer y, sobre todo, de volver accesible lo que de otro modo permanecería desconocido.

Apenas llegado a Washington, Bartolito ya se entusiasmaba con el espectáculo de “los ejércitos del Potomac y Tennessee” que desfilaban, triunfales, “entre hurras y aplausos” (Correo del Domingo, 3 de septiembre de 1865). El joven secretario de legación envía noticias cuando cree que algo que ocurre en Estados Unidos puede ser provechoso para su país. Porque la estadía norteamericana le resulta tan instructiva, y acaso la cercanía con Sarmiento le haya enseñado un modo de capitalizar esa experiencia. Igual que con París en América, la Imprenta del Siglo publicó un opúsculo titulado Chicago, de un autor estadounidense anónimo, traducido por Bartolito. Ahí se propone Chicago como modelo a ser imitado en el caso de la ciudad de Chivilcoy.9 Otra vez, Cantilo estaba interesado en la traducción y difusión de este material en Buenos Aires, así como de otros varios escritos que le envían de Estados Unidos desde que se asentó allá la legación argentina.

Pero volvamos a la novela. Oakland narra la historia de un triángulo amoroso en el que una mujer rechaza a un amigo de la familia para casarse con otro hombre. Y acá la forma de narrar la guerra cambia totalmente con relación a la que los lectores habían conocido con la traducción de Dominguito. Al estallar el conflicto entre el Norte y el Sur, el amante rechazado se convierte en oficial del Ejército Confederado, mientras que el otro comanda tropas del Ejército de la Unión. Todo transcurre en 1862, el mismo año en que Laboulaye publica su París en América. Pero acá las pasiones amorosas se entrelazan con las pasiones políticas, se vuelven indistinguibles. Y ocurre en el amor lo que ocurrió en la historia: que triunfan los hombres del Norte. Hay todo un juego de intrigas, de espionaje y contraespionaje, destinos contrapuestos y decisiones trágicas que van haciendo que la trama novelesca se encarne en el drama de la guerra. O, dicho de otro modo, es la guerra, como medio histórico, la que determina las acciones de los personajes. A pesar del triunfalismo del tono, porque ya en 1867 se sabe quién ganó la guerra, en el decurso de esta historia se experimenta un riesgo mortal.

Bartolito se interesa porque Oakland sea leída en su país. Es un texto repleto de descripciones de batalla, explicaciones de tácticas y dispositivos militares, bastante puntilloso con los datos, las fechas, los lugares. Y no es casual que le importe esto. “La lectura –explica el traductor– me hizo profunda impresión, tanto por lo bien urdido de la trama, como por la semejanza que noté en muchas de las escenas con algunas de frecuente ocurrencia en nuestros país. Oakland es la villa de San Juan o la Rioja, me dije” (Correo del Domingo, 26 de mayo de 1867).

Oakland es San Juan. Y sigue su traducción, ahora no con los espacios sino con los caracteres de la historia: Cunningham es un pequeño Chacho, Travers es Ontiveros; Julio es un gaucho rastreador y hasta los caballos de Virginia recuerdan a los potros de la pampa. Entonces concluye que las guerrillas de los confederados son como nuestras montoneras. Cunningham y Travers pertenecen a un escuadrón desgajado del ejército del Sur. Son los despreciables de la historia. Y también los perdedores. Se activa todo un sistema de significaciones al compararlos con el Chacho Peñaloza y Fructuoso Ontiveros, dos caudillos federales que, en 1863, protagonizaron el último alzamiento contra la autoridad nacional. En realidad, el último hasta la rebelión de Felipe Varela, en 1867: exactamente cuando se publica Oakland en el Correo del Domingo. Los editoriales de estos números se ocupan de denostar al caudillo y a sus ataques al orden institucional. Cuando el periódico comenta una expropiación de hacendados realizada por Varela al mismo tiempo que presenta la novela que traduce Bartolito, con todo lo anticipado, ¿cómo no pensar en los Talbot, que son los dueños de las tierras de Oakland a quienes las “guerrillas” de los confederados intentan asesinar? Felipe Varela había sido jefe de la policía de La Rioja bajo el control del Chacho, y era para los liberales argentinos su heredero, su sucesor.

La traducción de Oakland, entonces, organiza una pequeña enciclopedia para pelear contra los rebeldes del interior. La montonera no es una amenaza nueva, pero las condiciones en que se la enfrenta cambiaron. Por un lado, la mayor parte de las fuerzas del estado están librando la guerra contra el Paraguay de Solano López. Varela es un opositor, no solo al gobierno de Mitre, sino a esa guerra contra un país hermano, una guerra bastante criticada y cuya impopularidad sirvió de argumento al caudillo para legitimar el alzamiento. Pero por otra parte, a instancias de la Guerra del Paraguay, se fue conformando e institucionalizando en estos años un ejército nacional (Baratta, 2019). Lo que enseña Oakland –lo que Bartolito quiere transmitir con su traducción, al menos– es cómo un ejército de línea debe enfrentarse a una guerrilla o una montonera.

Padres e hijos

Permítase un mínimo desvío, antes de terminar. Que por estos años Mitre y Sarmiento (y estoy hablando de los padres), los dos, estén cerca del hijo del otro y lejos del propio es sin dudas una curiosidad. Una circunstancia en cierto modo casual, que como muchas casualidades no deja de tener su atractivo, mucho más cuando se trata de figuras que ya de por sí ejercen una atracción sobre nosotros. En los años 40 del siglo XX, una película argentina aprovecha esta coincidencia para explotar su potencial dramático. Su mejor alumno (1944), dirigida por Lucas Demare, se filmó a partir del guion escrito por Ulyses Petit de Murat y Homero Manzi, inspirado en la Vida de Dominguito y la correspondencia con su madre desde el campamento aliado en Paraguay. En un artículo publicado en la Revista de Cine, Adriana Amante toma este diálogo que en la película sostienen Sarmiento y Mitre, cuando aquel vuelve de Estados Unidos:

SARMIENTO (entregándole un sobre) — De su hijo. Cuando retorne, verá que se lo devuelvo hecho un hombre.
MITRE — Usted también me confió a Dominguito. Se lo devuelvo transformado en héroe. (Amante, 2019, p. 73).

Y lo lee así:

No hay gasto inútil; las fintas del diálogo van como en pareados: dos líneas para el ritual de saludo ceremonial, dos para buenos deseos y galantería, y los dos del drama personal para un cierre montado sobre el paralelismo de la frase y el quiasmo de la vida: cada uno tuvo la tutela del hijo del otro y los dos muchachos han atravesado su bildungsroman para devenir hombre de mundo y héroe caído en combate. (Amante, 2019, p. 75)

Sabemos que se trata de una ficción, pero Amante muestra que el diálogo le da forma a una materia que es biográfica, y más que biográfica: vital. Por las líneas que estructuran ese quiasmo de la vida (y creo que la figura es exacta), se deslizan conflictos familiares y temores, ideas, pasiones y deseos que le van dando carnadura dramática. También sirve para formular alguna hipótesis –y acá concluye el desvío– sobre la mirada a Estados Unidos y las formas de imaginar la guerra.

En su libro sobre los viajeros argentinos a Estados Unidos, David Viñas revisa cómo Sarmiento negocia prestigios con la cultura yankee: los reconoce como precursores, pero también, de pronto, les roba algunos títulos. Sus grandes historiadores (Prescott, Motley, Ticknor) son norteamericanos de nacimiento, pero sudamericanos de raza; le deben al espíritu hispánico de América lo que tienen de bueno, “Y si por momentos su prédica se convierte en amistosa, en realidad funciona como equívoca anexión” (Viñas, 1998, p. 91). Como vimos antes, Dominguito hace al revés y asume un lugar de discípulo. Ahí donde propone diseñar Argentina como Estados Unidos, su padre, más exacerbado, termina por mirar a Estados Unidos como Argentina. Es esperable, por cierto, que así sea, por cómo se reparte la autoridad según la edad y la experiencia. Y después están los Mitre. Bartolito trata de captar las enseñanzas de la Guerra de Secesión porque –piensa– serían muy útiles para su padre, que comanda las fuerzas armadas de la Triple Alianza. Y Mitre comete errores graves como estratega: uno de ellos en la batalla de Curupaytí, el 22 de septiembre de 1866, que le costó la vida a cientos de jóvenes oficiales argentinos, entre ellos a Dominguito.10 Adopción/anexión del modelo político; aprehensión/ejecución (en verdad es una no-ejecución) del modelo de guerra.

Los jóvenes Bartolito y Dominguito, ávidos de hacerse un lugar en las letras y de engrandecer su patria, traducen. Traducen más un saber que palabras, una serie de hábitos más que un término, y en eso se encuentran a veces con el escollo de la lengua. Es una forma de importación. La lengua es un medio, sí; pero el “deseo de traducción” del que habla Paul Ricoeur (2005), que es un deseo-de-la-lengua, está sustituido acá por un “deseo de implantación”. Tratan de forzar la letra para organizar los cuerpos humanos en cuerpos institucionales, cuerpos armados, cuerpos, en fin, nacionales.

Muchos textos del Correo del Domingo van modelando representaciones de los Estados Unidos y su Guerra Civil que generan un imaginario guerrero para procesar la Guerra del Paraguay. Las colaboraciones de Dominguito y Bartolito abren dos caminos para continuar explorando. Uno tiene que ver con las operaciones de traducción, que suponen un juego de fidelidad/traición a distintos modelos: de escritura, de representación, de nación. El otro es la de los “hijos” de los próceres de la patria. Con el diminutivo que los ata y los distingue de sus mayores, Bartolito y Dominguito despuntan como nuevos escritores que se quieren medir con lo que ya se han medido sus padres. Mientras Bartolito estaba con Sarmiento en Estados Unidos, Dominguito peleaba con Mitre en el Paraguay. Por este doble cruce se van deslizando distintas formas de escribir e imaginar la nación. En el campamento, Dominguito (que lee lo que escriben desde Nueva York) piensa la patria para hacer la guerra. Desde Estados Unidos, Bartolito piensa la guerra para hacer la patria.

Fuentes consultadas

El Correo del Domingo (1864–1868). Imprenta del Siglo.

Mitre y Vedia, B. (1868). Chicago traducido para el Correo del Domingo. Imprenta del Siglo.

Sarmiento, D. F. (1886). Vida de Dominguito. Sociedad Tipográfica El Censor.

Referencias bibliográficas

Amante, A. (2019). Su mejor alumno y el plano caballero. Revista de Cine, (6), 73-80.

Baratta, M. V. (2019). La guerra del Paraguay y la construcción de la identidad nacional. SB.

Bruno, P. (2009). La vida letrada porteña entre 1860 y el fin de siglo. Coordenadas para un mapa de la élite intelectual. Anuario IEHS, (24), 339-368.

Bruno, P. (2015). El Círculo Literario: un espacio de sociabilidad en la Buenos Aires de la década de 1860. Iberoamericana, (15), 45-63.

Doratioto, F. (2022). Maldita guerra: nova história da guerra do Paraguai. Companhia das Letras.

Hamilton, A., Madison, J. y Jay, J. (1943). El federalista. Fondo de Cultura Económica.

Laboulaye, E. (1864). París en América. Imprenta de la Sociedad Tipográfica Bonaerense.

Laboulaye, E. (1868). París en América. Imprenta de la Sociedad Tipográfica Bonaerense.

Pas, H. (2021). Crímenes ilustrados: folletín e imaginario visual en la prensa rioplatense, 1846–1880. Bibliographica,4(2), 16-44. http://doi.org/10.22201/iib.2594178xe.2021.2.121

Pas, H. (2024). La apuesta editorial del Correo del Domingo (1864–1867): literatura por entregas e ilustración semanal. Recial, 15(26), 221-240. https://dx.doi.org/10.53971/2718.658x.v15.n26.47369

Pastormerlo, S. (2018). La "fiebre de las noticias" durante la Guerra Franco-Prusiana (1870). Sobre la primera modernización de los diarios de Buenos Aires. En H. Pas (Ed.), Lecturas del siglo XIX: Prensa, edición, cultura literaria (pp. 153-181). Katatay.

Quereilhac, S. (2016). Cuando la ciencia despertaba fantasías. Prensa, literatura y ocultismo en la Argentina de entresiglos. Siglo XXI.

Ricoeur, P. (2005). Sobre la traducción. Paidós.

Rosa, J. M. (1985). La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas. Hyspamérica.

Viñas, D. (1998). De Sarmiento a Dios. Viajeros argentinos a USA. Sudamericana.

Notas

1 Empezando por nombrar, como una suerte de eufemismo, la variedad (lo variado) de esos “varios escritos”, Sarmiento va recogiendo lo que pudo ser la obra de Dominguito en la dispersión de los papeles que en efecto fueron.
2 Para todas las citas del Correo del Domingo la ortografía fue modernizada.
3 Sin embargo, no convendría incluir París en América en el corpus del género de fantasía científica. El magnetismo es solo un elemento disparador, una condición de posibilidad, pero no define la forma de la novela. Para un estudio sistemático de fantasía científica en la literatura argentina pueden consultarse los trabajos de Soledad Quereilhac, en particular su libro Cuando la ciencia despertaba fantasías (2016).
4 Otro ejemplo: cuando el protagonista francés discurre sobre la maldad de un presunto criminal, un magistrado yankee le responde con un profundo sentido de la materialidad: “Temis es ciega, mi buen amigo, no ve, pero siente. Si usted quiere que obre, arroje en su balanza un cuerpo de delito, alguna cosa material, que pese e incline el platillo. Pero presunciones, intenciones, recuerdos desagradables, nada de esto pesa” (Correo del Domingo, 28 de agosto de 1864).
5 Poco después el texto aparece incluido en la edición en libro de París en América que publica la Imprenta de la Sociedad Tipográfica Bonaerense, con un preámbulo de los traductores que anuncia: “lo que debéis darnos en cambio del servicio que creemos rendiros va en la Postdata” (Laboulaye, 1864, p. IV). La postdata, no obstante, no se encuentra en el volumen, y una nota al pie advierte que fue suprimida y que salió como prospecto suelto; es posible que se haya preferido difundirla separada como estrategia publicitaria para atraer compradores. El artículo de Dominguito se incluye como prólogo a la edición de 1868, publicada también por la Sociedad Tipográfica Bonaerense, y probablemente fuera este texto la postdata mencionada en la primera edición. Dos años después de su muerte, ya no se le da al texto el carácter circunstancial de su primera aparición, y se integra con la novela en la unidad del libro.
6 No es la primera vez que le preocupa este asunto. En el número 21, del 22 de mayo de 1864, aparece un discurso leído por Dominguito en el Liceo Histórico acerca de La muerte de César. Ahí el problema de la libertad política vuelve a aparecer, estructurando su interpretación del drama histórico.
7 Las ilustraciones de París en América merecen un estudio específico que excede los alcances de este artículo. Por ahora alcanza con señalar que las imágenes en los folletines ofrecen un plus de interés para los lectores, que va definiendo una modalidad de la literatura de entretenimiento, nueva en el Río de la Plata, tal como lo describe Hernán Pas: “el Correo del Domingo fue la primera publicación ‘magazinesca’ que procuró conjugar el sistema de las novelas ilustradas por entregas con la edición periódica” (2021, p. 30). Pas dedica un trabajo reciente al programa editorial del Correo del Domingo, donde se explaya acerca de la adopción del formato magazine (Pas, 2024).
8 Con respecto a las relaciones entre los letrados argentinos y la política, Paula Bruno se dedicó a estudiar la sociabilidad intelectual en este período. Primero en un trabajo que abarca del año 1860 hasta la década de 1890 (Bruno, 2009), mientras que en otro más reciente se concentra específicamente en el Círculo Literario (Bruno, 2015). El Círculo Literario, creado por Lucio V. Mansilla y José Manuel Estrada reúne a muchos de los jóvenes escritores de Buenos Aires, y tiene una notable presencia en el Correo del Domingo.
9 El libro se había anunciado en el Correo del Domingo, pero se imprimió en 1868, después de que cesara la publicación. Hacía ya varios años que Sarmiento se venía interesando en el progreso de Chivilcoy y su potencial de desarrollo; el programa ideológico del joven Mitre y Vedia abreva en muchas de las ideas sarmientinas. En cuanto a la edición de Chicago, una vez más, el ocultamiento del escritor y el realce del traductor son factores que inciden en las formas en que se construye autoría en este período.
10 Los historiadores de la Guerra del Paraguay que se ocupan de, aunque sea, algunas cuestiones militares, incluso con diversos posicionamientos ideológicos y tanto en trabajos ya clásicos como en los más recientes, están en general de acuerdo en este punto. Véase, por ejemplo, Doratioto (2022) y Rosa (1985). Desde el punto de vista político, Baratta (2019) señala Curupaytí como una bisagra del rol de Mitre en la guerra.

Recepción: 02 mayo 2025

Aprobación: 15 noviembre 2025

Publicación: 01 mayo 2026



ediciones_y_fahce
Ediciones de la FaHCE utiliza Amelica Marcador XML, herramienta con tecnología XML-JATS4R de Redalyc
Proyecto académico sin fines de lucro desarrollado bajo la iniciativa Open Access