OT Orbis Tertius, vol. XXX, núm. 42, e345, noviembre 2025 - abril 2026. ISSN 1851-7811
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria

Libros

Patricio Fontana, Vidas americanas. Los usos de la biografía en Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi y Juan María Gutiérrez. Bernal, Universidad Nacional de Quilmes, 2024, La ideología argentina y latinoamericana, 352 páginas

Celina Ortale

Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (UNLP-CONICET), Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata, Argentina
Cita recomendada: Ortale, C. (2025). [Revisión del libro Vidas americanas. Los usos de la biografía en Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi y Juan María Gutiérrez. por P. Fontana]. Orbis Tertius, 30(42), e345. https://doi.org/10.24215/18517811e345

La publicación de Vidas americanas de Patricio Fontana (que resulta de la reescritura en formato libro de su tesis doctoral) retoma la mirada sobre figuras canónicas del siglo XIX argentino y sobre uno de los géneros pilares en la construcción de la ciudadanía nacional, la biografía, que, a decir del autor “presupone la escritura de una vida y, también, de las múltiples razones por las que se emprende esta tarea” (p. 11). En la Introducción se establecen las líneas rectoras para explicitar el interés de Sarmiento, Alberdi y Gutiérrez por esta modalidad literaria: la del desierto biográfico y la de los usos de la biografía entendida como una variedad impura e híbrida que abre las posibilidades a otro tipo de escrituras como las relacionadas con la investigación social, y que la convierten en un “género disponible” (p. 15). Se ofrece aquí, además, un recorrido histórico sucinto, desde Plutarco, con el objetivo de ilustrar su “versatilidad” (p. 18), su “relación contenciosa” (p. 20) con la historia, su calidad de “artificio” (p. 26) y su función ejemplarizante.

El texto está organizado en cuatro capítulos: “Sarmiento lector y autor de biografías”, “Sarmiento biógrafo de caudillos”, “Alberdi y los héroes de la paz” y “Juan María Gutiérrez: biógrafo de escritores” y pretende recorrer la profusa producción biográfica de estos autores, desde las obras más conocidas hasta las casi ignotas. Intenta a su vez explicar algunas de las motivaciones que los impulsaron a elegir este género como la posibilidad de relacionarlo con las escrituras del yo, en los casos de Sarmiento y Alberdi, o con el afán de organizar el campo literario en el tercer caso. La lectura consecutiva de los capítulos contribuye, en este sentido, a la reconstrucción del espacio de enunciación que compartieron tres autores y actores clave de la Argentina decimonónica. Por otra parte, en este abarrotado paseo en el que Sarmiento-Alberdi-Gutiérrez hablan de sí mismos y hablan de los otros aparece, de tanto en tanto, cierta taxonomía muy pedagógica (“biógrafo-bricoleur”, “resucitador” [p. 48], “demiurgo” [p. 50], “escrupuloso” [p. 188], “detective” [p. 236], y otros…) que funciona como anclaje interpretativo y que se destaca entre un muy inteligente señalamiento de las opiniones críticas y teóricas más consagradas.

Se abren, de este modo, nuevos caminos para la comprensión del territorio fundacional de la literatura argentina, sobre todo a partir de la recuperación de los textos más chicos y menos transitados que propician intercambios originales y productivos entre un mundo de intertextualidades por el que el lector se mueve con más familiaridad. El libro contribuye también a aportar datos sobre la injerencia de Chile en la elaboración de la identidad nacional y de lo que significó la política y sociedad chilena para la genealogía de proscriptos.

Los dos primeros capítulos recuperan la idea de la ejemplaridad romántica y del uso narcisista de la biografía, estrategias sarmientinas por vincular la biografía con la historia nacional y con su propia historia. Se analiza la relación de Sarmiento como biógrafo y autobiógrafo, y el uso que hace de la biografía como ficción de origen. Se retoman líneas ya analizadas dentro de la estrategia literaria de Sarmiento y, por otro lado, se ofrecen detalles relevantes sobre textos menos conocidos del autor como las vidas que escribió sobre Manuel de Gandarillas, Dalmacio Vélez Sarsfield y Paula Jara Quemada, “uno de los pocos textos consagrados a la mujer que Sarmiento entregó a la imprenta” (p. 85). Además, se abordan como biografías de la guerra a sus escritos sobre San Martín, Francisco Javier Muñiz y Dominguito, proponiendo la figura del “biógrafo-bricoleur” (p. 99) que haría foco en el uso terapéutico del género. Paralelamente, cuando se ocupa de la trilogía de caudillos más trabajada, Aldao, Quiroga y El Chacho Peñaloza, se siente como una tarea casi imposible, para un espacio tan reducido, el no caer en repeticiones. Sin embargo, de aquí se abre una línea muy interesante que se desprende de la biografía de Aldao, la de las notas necrológicas de sacerdotes chilenos y argentinos, poco investigada hasta ahora y que provoca gran curiosidad por el mundo de vinculaciones abordado.

El enfoque sobre Alberdi inicia con la polémica de las Quillotanas para instalar el concepto de “biografía como máscara” (p. 184) o como “fraude identitario” (p. 184) insistiendo en la opinión de Alberdi sobre el efecto corrosivo en el manejo de las biografías de caudillos. Como respuesta a la labor de Sarmiento se presenta entonces a Alberdi como “biógrafo secreto” (p. 185) y “escrupuloso” (p. 188), con un objetivo claro, el de cambiar de paradigma. Según Fontana, Alberdi se ocupa de la vida de Juan Manuel Bulnes e inicia una “campaign biography” (p. 194) que se continuará con la de William Wheelwright, y con la de Juan María Gutiérrez. Con estos ejemplos Alberdi intentaría definir un nuevo modelo de hombre eminente en América, ofreciendo biografías “de pasaje” (p. 194) que colaboran en la construcción de un panteón civil para abandonar la era de las revoluciones y producir una nueva literatura original americana. La vida de Bulnes es un buen ejemplo de la “reconversión de un guerrero en un héroe de la paz” (p. 196). Por otra parte, se señala que la biografía de W. Wheelwright pretende ocupar un espacio que Alberdi ve vacío: “un empresario para el desierto argentino” (p. 205), y se aportan datos relevantes sobre la recepción que tuvo esta biografía en Francia, y sobre su traducción al inglés. A su vez, en el texto sobre Juan María Gutiérrez, Fontana muestra un diálogo interesante con la biografía que Antonio Zinny había publicado sobre Gutiérrez y con la cual Alberdi polemiza. Por último, destaco la sugerencia de Alberdi como “biógrafo detective” (p. 236) al aludir a las circunstancias extrañas que rodearon la muerte de Gutiérrez en los festejos del centenario y que permitirían pensar a la escritura biográfica alberdiana como “vivificadora y restitutiva” (p. 238).

El capítulo “Juan María Gutiérrez biógrafo de escritores”, muestra los esfuerzos de Gutiérrez por dotar de densidad al incipiente campo literario nacional recuperando, y en algunos casos casi inventando, figuras literarias destinadas al olvido. Fontana resalta los denodados esfuerzos de Gutiérrez por obtener datos vitales de escritores menores, y también cómo en algunas ocasiones sus composiciones se inclinan hacia el dramatismo novelesco, por ejemplo, cuando elige señalar sobre José Mármol y Rivera Indarte las dificultades materiales y los padecimientos que debieron enfrentar para escribir y desarrollar su obra, e incluso los períodos que pasaron en el encierro. En este esfuerzo de Gutiérrez por rescatar “vidas de escritores oscuros” (p. 253), alabarlos y justificarlos como ejemplos de las complejidades que impuso el tránsito hacia la vida artística, Fontana se ocupa de revisar las tres instancias biográficas sobre Juan Antonio Miralla, cuyo nombre se pretendió imponer en el incipiente campo literario, y Esteban de Luca, enfoques que se completan con el interés de Gutiérrez por Juan Ramón Rojas como otro ejemplo de militar y poeta. Sobresale en este apartado el análisis pormenorizado sobre las leyendas biográficas de Juan Cruz Varela y Esteban Echeverría, amigos personales monumentalizados (p. 294) por Gutiérrez, quien a través de sus escritos busca entronizarlos en un posible parnaso argentino.

Vidas Americanas cierra retomando lo que se siente como una problemática, que ya había sido planteada desde el comienzo: la decisión de excluir del corpus las biografías de Bartolomé Mitre sobre Manuel Belgrano y José de San Martín. En un nuevo cruce, que vuelve a unir las tres figuras centrales, Fontana entrelaza la herencia histórica y bélica de Mitre con la obra de Sarmiento, Alberdi y Gutiérrez rematando así el texto que se siente como una suerte de Quién es quién, que pretende mostrar los empeños de estos autores por organizar un decálogo sobre las figuras ejemplares que modelarán a la joven nación. En este intento por recuperar vidas se tejería una estructura de fuerzas funcionales u opositoras al proceso de surgimiento de una historia erudita glorificadora de los padres fundadores.

Si bien Vidas Americanas corre el riesgo de desequilibrarse por la potente trama que implica el vínculo polémico Sarmiento-Alberdi, la orientación hacia el proceso de instalación y organización del campo literario del que son parte todos, y el recorte definido como esencial (pero que lo sabemos falseado todo el tiempo), hacia la especialización de una historia nacional que los atraviesa y define como escritores pero también como protagonistas en sus escrituras del otro, orquesta un juego de voces de ultratumba, denso y magistral, que se entrecruza con los intereses de los vivos y que permite atisbar mucho más del coro polifónico que gestó el nacimiento de nuestro país.

Celina Ortale



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