Orbis Tertius, vol. XXIII, nº 27, e083, junio 2018. ISSN 1851-7811
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria

Reseña

Jorge Monteleone, El fantasma de un nombre. Poesía, imaginario, vida.

Rosario, Nube Negra, 2016, Paradoxa, 284 páginas

Camila Spoturno Ghermandi
(Universidad Nacional de La Plata)
Cita recomendada: Spoturno Ghermandi, C. (2018). [Revisión del libro El fantasma de un nombre. Poesía, imaginario, vida por Jorge Monteleone]. Orbis Tertius, 23 (27), e083. https://doi.org/10.24215/18517811e083

En el prólogo a El fantasma de un nombre. Poesía, imaginario, vida, Jorge Monteleone afirma que los ensayos críticos reunidos en su libro surgieron o bien de su investigación sobre una teoría del imaginario poético o de sus estudios críticos sobre poetas latinoamericanos. En este breve texto introductorio, el traductor y crítico literario parte del interrogante de ascendencia romántica y presente aún en la poesía moderna: “¿Quién dice yo en el poema cuando el poema dice yo?” (p. 9) y ejemplifica cómo cada poeta responde con un enigma. Esta pregunta surge en un contexto de escisión, de descentramiento y de disolución de la unidad del sujeto donde el “yo” es, entonces, “un fantasma huido, sin lugar” (p. 11) que atraviesa numerosos roles: desde la multiplicidad hasta la desaparición. Es así como Jorge Monteleone propone una teoría del imaginario poético que permite explorar el “sujeto imaginario del poema” (p. 11) (categoría que él inaugura ya en trabajos anteriores) y el vínculo de la subjetividad con la figura autoral, así como también con el sujeto simbólico o social. En relación con esta teoría, se presenta una paradoja: la presencia de la función-autor solo puede darse bajo los rastros de su ausencia, de ahí que afirme que “todo autor es un muerto” (p. 15) y lo que queda es el fantasma de un nombre. El que habla es, de esta manera, el fantasma donde se ha ausentado el sujeto real.

El libro está estructurado en cuatro secciones conformadas por ensayos críticos: desde el relato de una entrevista que Monteleone le realiza a Borges, pasando por el análisis de las obras de diversos poetas donde el sujeto imaginario del poema se constituye con un fondo de muerte con una dialéctica de ausencia/presencia y por las dos últimas secciones que abordan un tema similar pero desde perspectivas opuestas. Si en el capítulo “El arte de la impersonalidad” el sujeto imaginario en las obras analizadas proyecta una figura de autor, en la sección que cierra el libro, “Autorretratos del doble”, son los autores los que se constituyen como figuras a partir de las proyecciones del sujeto imaginario mismo.

En la primera sección “Borges, yo”, se relata la experiencia de una entrevista literaria que le realiza Jorge Monteleone de joven a un Jorge Luis Borges de ochenta y un años, ya ciego. Esta narración, que se presenta como “la enésima versión de la más extraordinaria proyección imaginaria que ha realizado un escritor del siglo XX en el espacio público” (p. 23), evidencia el vínculo entre poesía y vida y la relación entre los sujetos de la tríada que compone el imaginario poético. Es así como el entrevistador apasionado encuentra en los gestos, movimientos, y en la voz de Borges una imagen de autor que va relacionando con el sujeto social que ya conoce y con el sujeto imaginario de los poemas (porque también remite a su estética). Hacia el final de la narración del encuentro, el “lector desconocido” (p. 24) crea una imagen de autor que dista de la figura pública, ya no ve a un hombre irónico sino a “un poeta ciego, exultante, arrebatado por la lengua, en el paraíso en llamas de la literatura” (p. 51).

Monteleone insta a leer la segunda sección titulada “Todo autor es un muerto”, conformada por seis ensayos críticos sobre la obra de diversos poetas, como un solo texto. En todos ellos se explora la paradoja que toma de Giorgio Agamben: el autor no está muerto pero ponerse como autor significa ocupar el lugar de un muerto. Luego va más allá: toda escritura es testamentaria, el que habla es un muerto, el fantasma de un nombre.

Así, comienza por preguntarse “¿Qué yo dice yo en el poema?” al comparar el teatro de la muerte de Tadeusz Kantor con el poema. El sujeto autoral se anticipa como muerto para poder realizarse en tanto enunciación poética pura de un sujeto imaginario, como se pone de manifiesto en la poesía de Mallarmé: “en cuanto el autor afirma ‘estoy perfectamente muerto’ (…) el sujeto imaginario del poema obra como un lugarteniente del autor” (p. 61). Monteleone parte del mismo interrogante en el siguiente ensayo, para esta vez detenerse en la poesía de Bernard Noel y explorar cómo ese “yo” se ausenta y cómo, desde su propio repliegue, se da lugar en el poema. Asimismo muestra la manera en que la música del dolor se asocia al tono del miedo del poeta que se relaciona a su vez a la familiaridad con la muerte, en la poética de Antonio Gamoneda.

En el caso de Juan Gelman, el crítico repara en que el poeta “debió crear su propia lengua en la lengua y designar con ella formas de la ausencia” (p. 79), como su hijo desaparecido o su madre. Muestra entonces que la lengua Gelman “nombra en lo no ser del ser” (p. 82), al torcerse o al forzar la gramática para decir lo que no puede ser dicho. Luego, Monteleone se detiene en el modo en que en el Diario de muerte Enrique Lihn lleva la subjetividad a su tensión máxima: la muerte convierte de a poco al autor en el fantasma de un hombre y la poesía transforma el yo en el fantasma de un nombre. El sujeto del poema se encuentra en un estado fantasmal y el lenguaje es así un simulacro. Finalmente, Monteleone coloca a Hospital Británico de Héctor Viel Temperley, como un libro de una agonía y también una especie de memoria del cuerpo del autor en trance de muerte: “el cuerpo poético obra como una profecía del muerto que habla” (p. 110).

En la tercera sección del libro, “El arte de la impersonalidad”, se presentan diversos ejemplos, como se explica en el prólogo del libro: “el sujeto imaginario de la poesía produce diversos difuminados del yo que, al mismo tiempo, proyectan una figura de autor cuya potencia radica en ciertas formas identitarias despersonalizadas, oblicuas, excéntricas, voluntariosamente elusivas” (p. 17).

Esta sección es inaugurada por el ensayo llamado “Soussens sans sou”. Aquí, si bien no se hace referencia a los versos de Charles de Soussens, sí se cuentan anécdotas de la vida del escritor que forman parte del hecho artístico. Así, se hace de la vida, entonces, una obra de arte. En el artículo siguiente, “Vida retirada”, Monteleone explica cómo se aniquila el sujeto del poema y cómo a ese sujeto corresponde un sujeto simbólico que investirá Enrique Banchs. Este acto se encuentra sostenido por la figura de autor. El sujeto simbólico afirma abandonar el arte para que, justamente, se cumpla en el seno de la vida.

En “El poeta Recienvenido” sobre Macedonio Fernandez, el título del ensayo hace referencia a la figura de autor que crea un lugar en ese “venir viniendo” (p. 139). En la lírica del autor: “el Poeta deviene No Existente Todavía” (p. 141), se trata así de una poesía que manifiesta lo neutro. En el siguiente ensayo Monteleone se ocupa de la inexistencia de una biografía de Juan L. Ortiz y explica que sí hay una mistificación de sí mismo, para luego afirmar que: “la figura del poeta está prefigurada por el poema, lo modela, lo contiene”. (p. 153)

Más adelante, el traductor usa como punto de partida una fotografía de Silvina Ocampo donde la escritora se tapa el rostro para relacionar este gesto con un sujeto que nunca termina de nombrarse porque está a punto de ser otra: otra cosa y esto se plasma en su escritura. El último ensayo de esta sección, “Cuando la idea del yo se aleja”, explica el desplazamiento en la poesía de Alberto Girri, hacia el tú como doble del yo o hacia una instancia de discurso donde los objetos se presenten por sí mismos, fuera del vínculo con el sujeto. Se trata entonces de una “Impersonalidad personal” (p. 189), como el mismo Girri la denomina.

La última sección titulada “Autorretratos del doble”, se compone de tres ensayos críticos más extensos que los de las secciones anteriores. Monteleone ofrece aquí el análisis de las trayectorias poéticas de Idea Vilariño, Winétt de Rokha y David Rosenmann-Taub, autores de vidas y presencias soslayadas que se arman como figuras a partir del sujeto imaginario.

En el primer ensayo, “Idea del no”, se juega con el nombre de la poeta uruguaya y la negación. A través del análisis de varios poemas Monteleone describe al sujeto imaginario como un “yo en suspensión” (p. 39), un “yo ambivalente” (p. 203), un “yo que se dice al desdecirse” (p. 204), “un sujeto poético que nunca se esencializa y por eso dirá: No” (p. 203). Es en esta negación del yo en la que el sujeto imaginario toma fuerza. Asimismo, es esa persona poética la que se relaciona con la figura autoral dando a conocer la manera particular en la que se construye: “situada entre la negación y su sostén en la figura autoral; junto a una correlativa negación de dicha figura de autor dada por el vaciamiento del yo lírico” (p. 204).

En el segundo ensayo, “Cómo falsearse un alma”, Monteleone se ocupa de la forma en que se construye el sujeto poético en la poesía de Winétt de Rokha, dándole especial relevancia a la seudonimia en relación con el sujeto femenino y la posición de la mujer. Así, cuando la poeta elige el seudónimo Juana Inés de la Cruz se trata de “una construcción poética referida a la imagen autoral, que convalida los rasgos del sujeto imaginario del poema y a la vez describe una figura femenina en el ámbito social” (p. 224). Más adelante explica cómo el segundo seudónimo de la poeta se arma a partir del seudónimo de su marido.

En el ensayo que cierra el libro, “El habitante del multiverso”, Monteleone se detiene en David Rosenmann-Taub, el poeta secreto y olvidado que sin embargo presenta una poesía que vive en la llamada “existencia multiversal” (p. 266), ese sitio intersticial donde el tiempo es “un instante que no dura” (p. 267), y el espacio “un punto que está sin estar en ningún sitio” (p. 267).

La manera en que el libro está estructurado aborda el tema de manera original e ingeniosa: si el primer ensayo funciona como apertura al resto del libro (es allí donde se plantean los lineamientos básicos que ya se anticipan en el prólogo: la tríada figura autoral, sujeto simbólico y sujeto del poema; así como también la relación entre poesía y vida, entre otros) en las tres secciones siguientes se desarrollarán esos temas desde diversos enfoques.

Monteleone se pregunta por el sujeto del poema a través de ensayos que son en sí mismos poéticos, alejándose del discurso académico. A esa pregunta se responde con paradojas y ambigüedades generando entonces un espacio para seguir pensando y debatiendo estos temas.

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