Orbis Tertius, vol. XXI, nº 24, e025, diciembre 2016. ISSN 1851-7811.
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria

Reseña/Review

 

 

Beatriz Colombi (coord.), Viajes, desplazamientos e interacciones culturales en la literatura latinoamericana. De la conquista a la modernidad.

Buenos Aires, Biblios, 2016, 210 páginas


CITA SUGERIDA
Recchia Paez, J. (2016). [Revisión del libro Viajes, desplazamientos e interacciones culturales en la literatura latinoamericana. De la conquista a la modernidad, por Beatriz Colombi (ed.)]. Orbis Tertius, 21(24), e025. Recuperado de http://www.orbistertius.unlp.edu.ar/article/view/OTe025



El trabajo coordinado por Beatriz Colombi en esta publicación reciente, se abre decididamente con un propósito explicitado en una doble cita a Susana Zanetti (1999) y a Ángel Rama (1982): “la crítica no construye las obras, sí construye la literatura, entendida como un corpus orgánico en que se expresa una cultura, una nación, el pueblo de un continente, pues la misma América Latina sigue siendo un proyecto intelectual vanguardista que espera su realización completa”. El conjunto de textos compilados, apunta, entonces, a brindar un panorama amplio, tanto espacial como temporal, sobre tópicos y autores centrales del corpus latinoamericano.

Como su título lo indica, la propuesta de trabajo con los tópicos vinculados al viaje, al movimiento, al desplazamiento será propiamente la de un recorrido. El viaje no sólo se tematiza en el texto sino que aparece y reaparece de variadas formas para hablarnos, una y otra vez, de eso que “sigue siendo” la dinámica propia de un proyecto intelectual latinoamericano, inacabado y en constante transformación. El libro parte de una voluntad pedagógica y se estructura de modo similar a un programa de Literatura Latinoamericana I, en cuatro partes que se podrían pensar como un recorrido y propone diferentes conceptualizaciones para captar la problemática del movimiento en cada contexto histórico.

La Parte I: Viajes, exploraciones articula viaje, epístola, relación y crónicas en torno a la trama discursiva que funda un tópico y un estereotipo de América y alumbra desplazamientos en la conformación de las subjetividades americanas.

Valeria Añón, en esta línea, buscará desmenuzar los componentes propios de una “retórica imperial” vinculada a características centrales de los viajes de descubrimiento presentes en las cartas de Colón, Cortés y Pizarro. Añon analiza entonces seis dimensiones complementarias: la mirada imperial, el encuentro con el otro, la tensión narración-descripción, la digresión controlada, la construcción de un itinerario, la inscripción de una itinerancia. El relato de viaje se establece como la columna vertebral, tanto retórico como ideológico, de la escritura imperial entendida como un dispositivo amplio que sostiene la posibilidad misma de la conquista.

Vanina Teglia, por su parte, aborda el tópico del cautiverio como un lugar de frontera (Elena Altuna, 2004) o “zona de contacto” (Pratt, 2011) donde operan transformaciones y se posibilita otro tipo de construcción del conocimiento. Estudiando los Naufragios de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca postula que el cautivo se puede pensar como una figura intermediaria, un mediador que desestructura esquemas opositivos con los que usualmente se ha estigmatizado al otro en América. Para esto releva el trabajo de Naufragios con dos de los estigmas de la conquista: canibalismo y sodomía. La figura de Mala Cosa como mediador se vuelve una dualidad o una diversidad que sutura la diferencia, pero que también, anuncia una futura unidad compleja, y, en gran medida, desigual. Los sobrevivientes considerados marginales por la corona española se encuentran en la frontera entre españoles e indios y para Teglia pueden ser leídos como “traductores” en términos antropológico-etnográficos. Por un lado son los encargados de comunicar los acontecimientos, dan lugar al conocimiento posible sobre aspectos relegados por el dominio español; y, a la vez, son quienes ejercen la traición propia de toda traducción.

María Ines Aldao coincide con las autoras anteriores en cuanto al valor de leer en la época de la conquista el denso cruce de tradiciones discursivas y la figuración de un sujeto de la enunciación escindido, atravesado, oscilante entre la retórica indígena y la occidental. Trabajará, en esta línea, con la crónica mestiza Historia de Tlaxcala de Diego Muñoz Camargo y buscará recolocar dicha historia dentro del corpus colonial resaltando el papel clave que tuvo Tlaxcala en la conquista. Lee en el texto los juegos de distanciamientos y similitudes que complejizan la crónica mestiza, las cuales incumplen el pacto por el cual en el relato de viaje el que escribe es el que viaja. Se trata más bien de desvíos fundados en hipérboles, tergiversaciones y omisiones que nos permiten leer en las crónicas mestizas, menos “verdades históricas” que discursos atravesados por intereses y objetivos propios de cada autor.

La Parte II. Trasiegos, traslados se abre con el artículo de Carla Fumagalli quien repasa la primera publicación de las obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, editada, a cinco años de su muerte, por Juan de Castorena y Ursúa. La autora realiza un análisis textual preciso y desmenuza los paratextos y las intertextualidades del libro para visualizar vínculos con la obra de Lope de Vega y exponer el valor que tienen las aprobaciones y cartas de Diego de Heredia y Diego Calleja sobre la obra sorjuanina. En el trabajo monumental que Castorena realiza para reunir la obra y en los aportes que su edición hace al mito sorjuanino, Carla Fumagalli lee, no un relato de viaje o una literatura de viaje, sino el viaje de la literatura, la literatura en viaje. El viaje y el traslado operan de manera constante en la configuración del texto en tres formas: un viaje real, físico (el de Castorena y los originales cruzando el atlántico), un viaje maquínico (engranajes que vinculan España y América) y un viaje que contiene la protoforma o forma futura que tomará el mito sorjuanino.

Facundo Ruiz aborda Infortunios de Alonso Ramírez de Carlos Sigüenza y Góngora, mediante un artículo que buscar poner en escena los vericuetos y los pliegues en los que se complejiza la lectura sobre los textos coloniales. Así lee la sustancialidad de Ramírez como “ser especial” y sus vínculos con el autor del relato, y problematiza el status literario o histórico con el que se ha leído el texto para cuestionar el lugar que le correspondería al texto en el archivo latinoamericano y reubicar los Infortunios en una línea de textualidades que dejan en segundo plano el propósito Histórico (con mayúscula) y enfatizan un modo de decir de lo menor, del secreto propio de las “mínimas multitudes”.

Mariana Rosetti avanza sobre el siglo XVIII y traza un itinerario sobre los desarrollos discursivos y el uso de la palabra escrita como “un arma que todos usan” hacia el XIX en el proceso de reapertura del engranaje del sistema colonial. Lee las estratégicas apropiaciones de la ficción picaresca de Fernandez Lisardi para demostrar cómo estas ahondan en los pliegues y recovecos del drama que vivencia el heterogéneo grupo criollo novohispano. Se trata de “espejos lisiados” de la sociedad novohispánica ya que en ellas la ficción habilita el distanciamiento y la reflexión irónico-corrosiva sobre las costumbres viciosas. Los desplazamientos del pícaro por el espacio urbano, están signados entonces por un “recorrido grotesco” cargado de metáforas de la forma de andar trunca que, conjunto la corrosión de genealogías y orígenes, amputaciones, digresiones y escapatorias, cuestionan, en la ficción, conceptos claves del sistema monárquico como honor, nobleza y pureza.

La Parte III. Desplazamientos, pasajes amplía lecturas hacia el siglo XIX como la realizada por Laura Posternak sobre la obra Dom Casmurro de Machado de Assis. A contrapelo de las escenificaciones que proponen hacia finales del siglo XIX las galerías del progreso, esta obra configura un desvío como ficción moderna que se resiste a los discursos que enarbolan la idea de “progreso”. Se trata de movimientos e itinerarios de desvíos que leen con distancia crítica la representación del pasado y proyectan desplazamientos hacia los márgenes de la modernidad. Una modernidad retrospectiva que, mediante reproducciones y adulteraciones, se constituye como diferencia respecto de los artificios que conlleva la elaborada imagen de la nación.

Por su parte, José Alberto Barisone lee dos tipos de viajes en Viaje de recreo de Clorinda Matto de Turner: el viaje intelectual, profesional y sociológico propio de una “emperatriz social” y un viaje de placer de una mujer culta y refinada. Se trata de un texto de índole autorreferencial que da cuenta del recorrido verdadero que realizó la autora por determinados espacios geoculturales con el fin de representar un espectáculo del mundo visitado y de las experiencias recogidas durante la travesía.

La Parte IV. Flujos, apropiaciones, traslaciones problematiza, hacia finales del siglo XIX, las obras de los modernistas José Martí, Rubén Darío y Julián del Casal. Beatriz Colombi propone una lectura del exilio en “Domingo triste” de José Martí que recupera la tradición latina de Ovidio a partir de un viaje conceptual sobre las formas de la tristeza. Entre sus formulaciones, Colombi da un giro de rosca a la relación poesía-naturaleza en Martí y redefine, como figura mediante, al exilio y sus dimensiones políticas. En esta lectura, el verso martiano trabaja, entonces, con temas de la propiedad, el extrañamiento y la ajenidad.

Carlos Battilana retoma la doble acepción de “errar”, como errancia y como equivocación, para hablar de los préstamos e intercambios lingüísticos en la “Epístola a la señora de Leopoldo Lugones” de Rubén Darío. Dicho texto ocupa un otro lugar en el corpus dariano y en él se pueden leer las oscilaciones, peripecias e incertidumbres que se le presentan al escritor en el plano vital. Battilana piensa la obra dariana como un espacio de vasos comunicantes donde desplazarse y viajar consiste en traducir a parámetros propios lo que resulta “otro”. Propone otra imagen de Darío que rompe con la figura del poeta sentado y anquilosado en su escritorio de redacción para resaltar el valor de proyección hacia futuro y de autoconciencia que posee su obra.

Ariela Érica Schnirmajer comienza releyendo los objetos orientales que aparecen en dos crónicas de Julián del Casal (publicadas bajo sus pseudónimos de Alceste y Hernani) para formular la noción de “crítica impresionista” como una de las apropiaciones cosmopolitas de Casal. Así, por ejemplo, establece los vínculos con Baudelaire para mostrar cómo Casal elabora el orientalismo con filtros propios del decadentismo. A partir de un señalamiento de recursos como transposiciones y écfrasis la lectura de Casal realiza una torsión significativa respecto de los estereotipos clásicos del orientalismo en la literatura occidental y, además, pone en evidencia el uso híbrido de las posibilidades del periodismo para filtrar la retícula crítica del escritor modernista y establecer un vínculo directo con el gusto de los lectores.

Finalmente, Rodrigo Caresani repasa dos corrientes críticas mediante las cuales se releyó el modernismo como un germen de internacionalización de la cultura. Los conceptos de “literatura transatlántica” de Julio Ortega y la “literatura mundial” de Mariano Siskind pueden orientarse hacia una lectura del modernismo en cuanto “ser en traducción” que le sirve a Caresani para problematizar las discusiones entre cosmopolitismo y nacionalismo. El autor pone al descubierto la potencia polémica de este problema con la reconstrucción de dos programas contemporáneos y divergentes: el de Bartolomé Mitre y el de Rubén Darío. Si por un lado la figura de Mitre sirve para leer los horizontes de legitimación de la generación del 80 en un marco estatal; el trabajo de Rubén Darío sobre la traducción propone situar la singularidad de su internacionalismo fuera ya del Estado, en una “comunidad flotante, multimodal y lanzada al vacío”. Los raros es la obra dariana en la se puede leer un precario “nosotros” latinoamericano huérfano de una causa nacionalista y abierto a un porvenir.

De esta manera se configura un libro con grandes aportes que profundizan y problematizan el corpus latinoamericano en su densidad histórica y en su complejidades textuales. Viajes, desplazamientos e interacciones culturales abre lecturas múltiples y, sobre exploraciones, traslados, trasiegos, pasajes, desvíos, pliegues, apropiaciones y traslaciones, reasigna lugares “del saber” en el continente latinoamericano.


Juan Recchia Paez


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